Tipos de evaluaciones de proyectos sociales


¿Qué son las evaluaciones sociales? ¿Para qué sirven? ¿Qué tipos existen? Estas son algunas de las preguntas más comunes que nos hacemos a la hora de entender por qué es necesario evaluar un proyecto y cuáles son sus utilidades… Para ello en este post explicaremos brevemente las ideas del sociólogo Marcos Valdés, quién escribió un paper sobre las definiciones y tipologías de la evaluación de proyectos sociales.

Valdés entiende por evaluación a la acción de  “juzgar y asignar un valor a algo”. Sin embargo, plantea que existen 2 grandes paradigmas que se interrrelacionan: uno Racionalista (que busca alcanzar conclusiones generalizables a través del método experimentado controlado), y el otro Naturalista (“que sugiere que el comportamiento humano debiera ser estudiado tal como ocurre naturalmente, en ambientes naturales y dentro de su contexto total”). De este modo, la evaluación se utiliza  tanto para medir como para establecer recomendaciones para su mejora en función de las lecciones aprendidas.

Para poder adentrarnos en los diferentes tipos de evaluación, es preciso diferenciar el significado de “evaluación social  de proyectos” de la “evaluación de proyectos sociales”. El primero utiliza  el análisis económico (costo-beneficio) para adjudicarle un valor a los diferentes componentes del proyecto social. El segundo en cambio busca determinar la eficiencia (costo- eficiencia) de un proyecto así como su impacto en la población a la cual fue destinada.

A su vez existen 3 tipos de evaluación: ex-ante, durante, ex-post.

La evaluación ex-ante es previa a la implementación del proyecto. La misma consiste en la definición de criterios racionales y en la recopilación de la información necesaria para poder decidir sobre la conveniencia de poner en marcha el proyecto.

Este tipo de evaluación se sirve tanto del modelo “costo-beneficio” como del “costo-eficiencia”, dependiendo de la naturaleza del proyecto (el primero es para los económicos y el segundo para los programas sociales).

La evaluación de proceso se lleva a cabo durante su puesta en práctica. El objetivo del mismo es medir la eficiencia operacional y poder reprogramar a tiempo según los resultados obtenidos. Sin embargo, el aspecto negativo de este tipo de evaluación es que requiere muchos recursos para poder modificar el proyecto inicial.

La ex-post es la evaluación más utilizada y desarrollada. Con la misma se busca medir el grado de cumplimiento de las metas propuestas, determinar los aspectos positivos y negativos de la implementación del proyecto, identificar las mejores prácticas y formular recomendaciones para una futura réplica de la experiencia.

Para poder realizar una evaluación ex-post acertada es necesario complementar la información generada a través de la implementación del proyecto, con entrevistas con actores claves y trabajo de campo. De esta manera, se puede reconstruir la información requerida para una completa evaluación.

En conclusión, es muy importante evaluar la implementación de un proyecto para poder replicarlo en forma exitosa.

Para ver el artículo original de Valdés hacer click aquí

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